Existe una falsa creencia alrededor del suicidio. Algunas personas consideran que hablar sobre el tema o preguntarle directamente a alguien si ha tenido alguna idea o conducta relacionada con el amplio espectro de la suicidalidad puede “meterle ideas en la cabeza”.
Debido a esto, muchas personas prefieren evitar hablar del suicidio por miedo a que hacerlo agrave o empeore la situación. Sin embargo, hablar sobre suicidio de manera directa, clara y empática es una de las formas más importantes de prevención.
La prevención del suicidio está en lo cotidiano, en construir vínculos y espacios seguros con otras personas, dentro de los cuales podamos sentirnos en confianza para conectar con nuestra vulnerabilidad y hablar de lo que sentimos.
Asimismo, aprender a observar a quienes nos rodean puede hacer una gran diferencia, ya que nos permite reconocer aquellas señales que indican que algo no va bien.
Algunas señales de alerta pueden ser cambios importantes en el estado de ánimo o en la manera habitual de comportarse, aislamiento de familiares y/o amigos, pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras, sentimientos intensos de desesperanza, culpa o de ser una carga para los demás, así como cambios importantes en los hábitos de sueño, alimentación o consumo de sustancias.
También pueden presentarse conductas como despedirse de otras personas, regalar pertenencias importantes o hablar con mayor frecuencia sobre la muerte.
Es importante recordar que la presencia de una sola de estas señales no necesariamente significa que exista riesgo suicida. Sin embargo, puede ser una buena oportunidad para acercarnos y preguntarle a esa persona cómo está.
Hay veces en las que se evita hablar sobre el suicidio por miedo a no saber qué decir o cómo resolver lo que la persona está viviendo, pero en realidad no siempre necesitamos tener las palabras correctas ni encontrar una solución inmediata.
Muchas veces lo más importante es acercarnos, escuchar y hacernos presentes cuando alguien está pasando por un momento difícil, haciéndole saber que no tiene que atravesar este momento de adversidad a solas.
Hablar de prevención del suicidio también implica preguntarnos qué hacer cuando somos nosotros quienes no estamos bien.
Pedir ayuda puede ser complicado al pensar que deberíamos poder solos, al no querer preocupar a los demás o al asociar el pedir ayuda con una señal de debilidad. Sin embargo, reconocer que no estamos bien y permitirnos pedir ayuda puede ser un primer paso muy importante.
La prevención del suicidio no ocurre únicamente durante una crisis. También ocurre en una conversación, en el mensaje que enviamos para preguntar cómo va todo, en la disposición de escuchar sin juzgar y en decirle a otra persona: “Estoy aquí contigo”.
De igual forma, la prevención del suicidio ocurre cuando nos permitimos pedir ayuda antes de llegar al límite.
Por ello, hablar de suicidio no significa hablar únicamente de desesperanza. También significa hablar de acompañamiento, de vínculos, de ayuda y de la posibilidad de atravesar momentos difíciles con el apoyo adecuado.
Este Día Mundial para la Prevención del Suicidio puede ser una oportunidad para recordar que la prevención también está en lo cotidiano y que un mensaje, una llamada o una conversación quizá no puedan resolverlo todo, pero sí pueden abrir la puerta para que alguien se anime a pedir ayuda.
Por Martha Paola García